Reconstruir un país para reconstruir el mundo: #12M15M

A lo largo de los últimos dos siglos han colisionado dos formas de entender el mundo, dejando por el camino millones de muertos, sometiendo a generaciones enteras a la desesperación. Ambos sistemas han fracasado.

El comunismo fracasó. El control dictatorial de la economía por el Estado solo sirvió para que una nomenklatura corrupta sojuzgase a la población durante décadas. La utopía soñada se transformó en una terrible tragedia colectiva.

El capitalismo también ha fracasado. Sustituir al dios Estado por el dios Mercado no fue mejor solución. Otras jerarquías, no menos corruptas que las del comunismo, se han enriquecido despojando a los ciudadanos de sus derechos a la cultura, a la educación, al trabajo, a la vivienda, a la salud, a una vida digna en paz y libertad.

Durante décadas, los medios de comunicación en manos del poder financiero nos han vendido las excelencias del crecimiento y la competitividad. Ocultando que, como la guerra, la competencia genera siempre vencedores y vencidos. En España, la situación es desesperada para millones de familias, a las que solo separa del abismo la red asistencial tejida por otros ciudadanos y por organizaciones de beneficencia.

No es cierto que solo pueda construirse riqueza compitiendo. Otras formas de hacer las cosas han coexistido a lo largo de la evolución de la humanidad como especie inteligente. La mayor obra cultural construida por el ser humano se debe precisamente a la cooperación desinteresada.

Durante siglos, el saber concentrado en bibliotecas fue destilado hasta volcarse en las enciclopedias.  Comerciar con ellas fue un gran negocio: muchos estudiantes se pagaron los estudios vendiendo volúmenes puerta a puerta. Ese tráfico mercantil se ha extinguido, dándose la paradoja que las empresas que lo hacían no han sido derrotadas por la competencia. Lo que las retiró del mercado fue la cooperación de miles y miles de personas desinteresadas que volcaron su trabajo en Wikipedia.

Como es arriba, es abajo. No solo se tejen redes en internet: el ser humano lleva tejiendo redes decenas de miles de años. Han coexistido, sí, también con la guerra y la explotación. Pero en tiempo de paz se han labrado terrenos comunales, hasta que la necesidad de acumulación capitalista llevó a cercarlos y privatizarlos.

En los últimos siglos, la aceleración del crecimiento ha esquilmado los recursos del planeta, pero competir como hasta ahora solo ha generado riqueza para una élite. Quizás ha llegado el momento de volver a cooperar y derribar los cercados. Pero no los de un país agrícola, que ya no somos, sino los que ponen a buen recaudo el producto de la rapiña en bancos y sectores estratégicos.

Del fracaso del sistema surge la necesidad de algo nuevo y distinto, algo que ya existe: la descentralización, el trabajo en red, la horizontalidad. Métodos de trabajo colectivo que pueden funcionar, como hemos visto en internet. La prueba de ello es el movimiento 15M, que nos ha convocado para una cita internacional el próximo sábado 12 de mayo: #12M15M.

La palabra más exportada del español es guerrilla, y es bien conocido nuestro carácter cainita.Y sin embargo, el año pasado asombramos al mundo: iniciamos una revolución, y lo hicimos en paz. Ha llegado el momento de completarla, desarrollando las redes de cooperación que saquen a este país del pozo de desesperanza en el que se halla postrado.

Quemar, destruir, es demasiado sencillo: el fuego es estéril. Y ya hemos visto a dónde conduce, en qué ha quedado la cuna de la democracia.  Hay otra estrategia, y es la estrategia del agua: durante todo este invierno el 15M la ha seguido.  Se ha infiltrado en todos los rincones, para proteger y fertilizar lo más necesario. Este mes de mayo vamos a ver cómo florece ese trabajo.

Hay que decidir muchas cosas, y tenemos que empezar desde abajo: solo saldremos adelante trabajando juntos. No hay ningún atajo hacia el futuro, solo el trabajo.

El sábado, todos juntos. Nos vemos en las plazas.

Jaque Perpetuo

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La lucha contra la Ley Sinde como laboratorio sociológico

Texto presentado en el marco del Seminario “Comunicación y Sociedad Civil” sobre las transformaciones de la Sociedad Civil y la política en la era de Internet, UOC-IN3

Cronología: El acoso jurídico en España a la estructura de enlaces de la WWW, como proceso de gestación de la Ley Sinde

12 de octubre de 2002: Aprobación de la LSSI, Ley de Servicios de la Sociedad de la Información, estableciendo criterios de atribución de responsabilidad en la Internet española.

7 de marzo de 2003: Caso Ajoderse.com Primera interpretación judicial de la LSSI: inexistencia de responsabilidad por enlaces

4 de agosto de 2003: Caso Donkeymania. Primera operación contra una pàgina de enlaces, clausurada cautelarmente. Años después se dictaría auto de archivo por no existir delito.

1 de octubre de 2004: Entrada en vigor de la reforma del Código Penal endureciendo la represión contra los delitos contra la propiedad intelectual.

8 de abril de 2006: Operación Descargas en la Red, redada contra 17 páginas de enlaces.

29 de julio de 2006: Entra en vigor el nuevo texto de la Ley de Propiedad Intelectual, por el que se restringe seriamente el derecho de cita y de copia privada, se establece el canon digital y se define jurídicamente la puesta a disposición interactiva como forma de comunicación pública de obras protegidas.

29 de marzo de 2007: Nueva operación contra páginas de enlaces. La Ministra de Cultura, el Director General de la Policía y Guardia Civil posan con policías y artistas celebrando la redada.

28 de diciembre de 2007: Ley de Impulso de la Sociedad de la Información, por la que se reforma la LSSI, ampliando las facultades de la Administración para intervenir en páginas web.

2008: se suceden los casos de archivo judicial de páginas de enlaces

Marzo de 2009: Nombramiento de Angeles González-Sinde como ministra de Cultura.

1 de diciembre de 2009: trasciende a la ciudadanía una maniobra para introducir en el articulado de la ley de economía sostenible una disposición final destinada a poder cerrar páginas mediante una comisión administrativa, sin supervisión judicial, con la excusa de los derechos de autor. Dicha disposición final es bautizada con el nombre de “ley Sinde”.

2 de diciembre de 2009: se publica el manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet“, que es reproducido en pocas horas por decenas de miles de páginas.

19 de marzo de 2010, aprobación del proyecto de ley. El mismo día, las principales páginas de enlaces españolas llevan a cabo un cierre de 8 horas en protesta.

3 de diciembre de 2010: La filtración de los cables de WikiLeaks demuestra la influencia de la administración norteamericana en el desarrollo de la ley Sinde.

19 de diciembre de 2010: Diversas páginas web españolas llevan a cabo una protesta pacífica contra el proyecto de Ley Sinde, cerrando sus páginas y publicando un texto de protesta.

21 de diciembre de 2010: La oposición parlamentaria vota en bloque contra la Ley Sinde, que resulta rechazada por el Congreso de los diputados.

25 de enero de 2011: CiU, PSOE y PP llegan a un acuerdo para resucitar la Ley Sinde en el Senado.

15 de febrero de 2011: Surge el movimiento Nolesvotes.com, que solicita formalmente un voto de castigo contra PSOE, PP y CiU por la aprobación de la Ley Sinde.

4 de marzo de 2011: Ley 2/2011 de Economía Sostenible, publicada al día siguiente en el Boletín Oficial del Estado. En su Disposición final cuadragésima tercera se incluye la Ley Sinde.

15 de mayo de 2011: Estallido del movimiento #15M, tras su difusión en redes sociales desde las plataformas No les Votes y Democracia Real Ya, que en su manifiesto proponen entre otras medidas la derogación de la Ley Sinde.

22 de mayo de 2011: Sonada derrota electoral del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales.

1 de julio de 2011: estalla el escándalo de corrupción de la SGAE.

20 de noviembre de 2011: El  PSOE pierde 4,5 millones de votos en las elecciones generales, y su representación parlamentaria se reduce a 110 diputados.

2 de diciembre de 2011: El gobierno del PSOE renuncia a desarrollar reglamentariamente la Ley Sinde por la presión de las redes sociales, según reconoce el presidente Rodríguez Zapatero.

30 de diciembre de 2011: El gobierno del PP aprueba el reglamento de la Ley Sinde.

 

Papel central de la Red en el desarrollo de los nuevos movimientos de protesta y vertebración de la sociedad civil. La experiencia de la lucha contra la Ley Sinde.

La lucha contra la Ley Sinde es un buen y mal ejemplo de cómo se organiza un movimiento de protesta a través de la red, vertebrando la sociedad civil para llevar a cabo una defensa organizada de derechos colectivos.

Es un buen ejemplo porque se trata de un conflicto prolongado a través del tiempo, con antecedentes y consecuencias que permiten un estudio en profundidad sobre un fenómeno social, con un lapso temporal suficiente.

Es un mal ejemplo porque la lucha contra la Ley Sinde tiene un origen muy concreto: la propia red, en defensa de su misma estructura de enlaces. Y eso refuerza los lazos empáticos de los participantes en el conflicto de una forma muy diferente a otros conflictos sociales externos a la red.

La dualidad que presenta el ejemplo nos obliga a ser muy cautos a la hora de valorarlo.  Así que antes de entrar en profundidad, quizás sería bueno ver qué factores sociales, políticos y sobre todo económicos inciden en el conflicto.

Recuperando un texto de trabajo anterior de este Seminario, en el que se identificaban sucintamente las ideas y valores utilizados en el debate por los diferentes grupos de interés encontraremos algunas pistas. Diferenciábamos entonces 4 grupos de interés:

  1. Los autores de las obras objeto del conflicto desencadenante y las organizaciones que los representan. Con sus diversas posiciones.
  1. La industria de producción y distribución de obras intelectuales ha formado un lobby para influir en los gobiernos elaborando leyes con las que intentar blindar su modelo de negocio.
  1. Los colectivos movilizados en el ámbito del ciberactivismo han mantenido el pulso, fundamentalmente en los nuevos medios de comunicación digitales, así como en las redes sociales de Internet.
  1. Los empresarios de Internet, con intereses en un nuevo modelo de distribución, se han manifestado generalmente en contra de cualquier restricción a la circulación de contenidos.

La lucha contra la Ley Sinde levantó muchas pasiones. Pero por debajo de ellas late la fría racionalidad de los dos vectores sobre los que se construye toda sociedad basada en la comunicación: la audiencia y el dinero.

Por parte de la industria de contenidos se han utilizado recurrentemente los puestos de trabajo perdidos y el paro generado por la falta de ingresos debida a la piratería. Eludiendo el debate sobre la propiedad y los modos de distribución en el ámbito digital, se ha incidido sobremanera en el derecho de autor como “salario” de los artistas, obviando la plusvalía obtenida del trabajo de éstos por parte de editores y productores.

Los colectivos sociales se han centrado en la defensa del derecho a la libertad de expresión y en el peligro de una aplicación indiscriminada de la nueva normativa que pueda llevar a la autocensura y a la libertad de acceso a los contenidos (a nuevos bienes comunes informacionales).  Los nuevos modelos de cultura libre también ha sido objeto de debate, especialmente desde el FCFORUM de Barcelona.

El poder político, tanto en el poder como en la oposición, ha intentado jugar al papel de árbitro del difícil equilibrio entre libertad y propiedad, con escasa fortuna, sobre todo en el aspecto comunicativo.

Los medios de comunicación tradicionales -titulares de cadenas de televisión, radios, periódicos y editoriales- también han sido muy ruidosos evidenciando su preocupación por la quiebra de su modelo de negocio.

Sorprende entre tanto ruido el silencio de los agentes económicos beneficiados directamente por el actual estado de cosas: la industria de las redes de telecomunicaciones, tanto en lo que se refiere a la aristocracia financiera de las grandes operadoras, como a la pequeña burguesía emergente interesada en la explotación de la red con el mínimo coste.  Que no hayan generado ruido no quiere decir que no hayan actuado: a veces actuar en silencio, desde intendencia y retaguardia, es mucho más efectivo que estar en primera línea.

 

Mecanismos de agregación y nueva composición: procesos de organización y herramientas de comunicación

Si comparamos las diferentes movilizaciones surgidas en red a lo largo de los más de 15 años de expansión de la internet comercial en España, pueden distinguirse tres momentos diferenciados:

  1. Las luchas por la tarifa plana, privacidad de las comunicaciones, por el software libre en la administración, contra la LSSI, se centraban en webs de referencia.
  2. La aparición de los blogs y agregadores de contenidos provocan un desplazamiento del centro de gravedad a la blogosfera. Es un fenómeno que se produce a partir de 2002.
  3. En los últimos años, el centro de gravedad, y la capacidad de generar audiencia se focaliza en redes sociales, páginas de enlaces y granjas de blogs.

Paralelamente a todo ello, subsisten en todos los momentos otros polos informativos y generadores de opinión: los medios tradicionales, adaptándose al nuevo medio, y diversas “personalidades” de internet, capaces por sí mismas de generar opinión, sea como columnistas de grandes medios, o bien como blogueros o tuiteros de referencia. En toda movilización, con independencia de su beneficiario final, aparece un parachoques mediático formado por los colectivos mencionados.

Con todo, los grandes números de audiencia y facturación publicitaria se centran fundamentalmente en medios convencionales, granjas de blogs y páginas de enlaces. A la hora de llegar al gran público, más allá de los colectivos militantes, la capacidad de movilización reside en quien tiene mayor potencia de fuego.

 

Mecanismos de movilización: impacto sobre la esfera pública mediática y capacidad de incidencia política

Los árboles del populismo ciberactivista no deberían impedirnos ver el bosque: la gran selva mediática.  Durante todo el proceso de oposición a la Ley Sinde, los colectivos de la red han pretendido en todo momento llamar la atención de los grandes medios: nada es más jaleado en Twitter que la aparición de sus tuitstars en un reportaje de El País.

En muchas ocasiones, se genera una actividad con el exclusivo fin de llamar la atención, primero mediante la propia web del colectivo, luego en redes sociales, para acabar remitiendo correos a destinatarios múltiples de agencias de noticias y grandes medios de comunicación.  Su incidencia real sobre los ciberactivistas es reducida, en la medida que se trata de internautas fuertemente concienciados: su verdadero destinatario es el gran público, y para ello se precisa de la colaboración de los grandes medios.

Observemos –únicamente a título de ejemplo- la frenética actividad del grupo Hacktivistas.net, que en la cronología publicada por 20 Minutos consigue un buen número de referencias informativas:

18-12-2009. La industria cultural española exige al Gobierno que acabe con “la sangría” de la piratería. En Internet surgen nuevos movimientos contrarios a la ley prevista por el Gobierno, como La lista de Sinde, una página web que pretende ayudar a los internautas a encontrar archivos descargables de Internet mediante dos widgets.

  9-3-2010. LalistadeSinde.net presenta ante el Ministerio de Industria una lista con más de 1.200 sites que se autoinculpan de haber realizado libre intercambio de archivos.

 11-11-2010. Una nueva campaña de protestas contra la ley Sinde satura el correo de los diputados del Congreso.

 12-5-2011. El grupo Hacktivistas.net, junto a la editorial Traficantes de Sueños y el periódico Diagonal, que han apoyado su edición, presentan el Manual de Desobediencia a la Ley Sinde, un texto que resume las posibilidades que la Red ofrece para “evitar la censura”. Según sus defensores, con este manual Hacktivistas.net resume lo que cientos de activistas en la Red han hecho, y creen que ahora será útil para demostrar la “ineficacia” de la ley Sinde.

La incidencia real en capacidad de movilización en la red es una incógnita, en el caso de Hacktivistas y en cualquier otro.  Lo verdaderamente importante, lo que de verdad motiva a todos los colectivos, es repercusión mediática. Y para valorar eso sólo podemos acudir a la estadística pura y dura: números de visitas, números de retuits, números de referencias en Google.  Otro ejemplo: quien quiera analizar en profundidad el fenómeno #NoLesVotes, así como sus objetivos principales y secundarios, solo tiene que estudiar las cifras.

Para el ecosistema político, portadas de prensa convencional es sinónimo de difusión. Solo tras el #15M los políticos han entendido que la presencia en redes sociales y su aumento cuantitativo genera un salto cualitativo en la atención de los grandes medios. Pero antes de llegar a ese punto, todo pasaba por conseguir un pleno: a ser posible, una portada en El País.  Ese objetivo lo consiguió el activismo contra la Ley Sinde, y dos veces seguidas, en diciembre de 2010.  Ahora son los redactores de El País –y de todos los medios- los que están pendientes de cuanto se mueve en Twitter, y muy especialmente de la redifusión de sus propias noticias.

 

Papel de las organizaciones sociales clásicas. Límites entre organizaciones sociales y los nuevos movimientos en red.

Las organizaciones sociales clásicas, si entendemos como tales partidos políticos, sindicatos y organizaciones no gubernamentales, han actuado a lo largo de todo el conflicto a remolque de la sociedad red. La agenda mediática la han marcado las decisiones gubernamentales y las declaraciones de la industria, de un lado, y los colectivos en red, de otro. Los partidos que han formulado objeciones a la normativa se han basado fundamentalmente en el trabajo previo realizado en la red. Desde este punto de vista, se aprecia una mayor porosidad hacia la sociedad red por parte de los grupos pequeños en la oposición. Incluso en Twitter, una red que por su propia naturaleza es muy dada a la espontaneidad, los militantes de partidos mayoritarios se han plegado a las consignas emanadas de la dirección.

Las escasas intervenciones sindicales no han sido demasiado afortunadas, siendo paradigmática la declaración del secretario sectorial de Comunicación Social, Cultura y Deporte de UGT, Carlos Ponce, favorable a la aprobación de la Ley Sinde, para “detener las sentencias que puedan atentar contra los derechos de propiedad intelectual” (sic).

Organizaciones de consumidores y usuarios, mejor estructuradas a nivel red, han tenido una incidencia mayor. No obstante, fue muy preocupante el silencio del Consejo de Consumidores y Usuarios presidido por Francisca Sauquillo, que en su informe sobre la Ley Sinde omitió toda referencia a las protestas de diferentes asociaciones.

 

Conclusiones

A escasas semanas de la entrada en vigor práctica de la Ley Sinde, todavía es pronto para extraer conclusiones.  Por un lado, todavía está sometida a discusión jurídica, dado que diversas entidades –asociaciones de consumidores y de empresas de internet- han impugnado la norma ante el Tribunal Supremo. También está por ver si la aplicación represora de dicha norma genera nuevas espirales de movilización.

Con todo, sí se puede extraer una conclusión: la política realmente existente –considerando como tal la que se ejerce mediante cargos públicos remunerados en partidos y sindicatos- sigue anclada en esquemas comunicacionales previos a la sociedad red, fuertemente jerarquizados. El poder político tradicional sigue teniendo la capacidad de marcar la agenda informativa de los grandes medios en la medida que éstos están dispuestos a seguir el juego al poder, sea por razones de influencia social o económica. Pero han perdido el monopolio de la acción política: grupos con escasos medios económicos son capaces de influir poderosamente en la agenda informativa, manteniendo el pulso frente al poder de forma prolongada en el tiempo.

El conflicto de la Ley Sinde es solo un ejemplo más, y por las razones expuestas al inicio no permite predecir por sí mismo el posterior devenir de la agitación socio-política en la sociedad red.  Pero sí marca una tendencia de futuro en el campo de la movilización social. Los activistas han cometido muchos errores, pero el principal error lo ha cometido el poder, perdiendo una oportunidad inmejorable de adaptar sus estructuras al nuevo escenario social y tecnológico.  De tales errores unos y otros deberán extraer las lecciones que marquen la pauta política en los próximos años.

 

Barcelona, 15 de marzo de 2012.

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Leyes de mercado

Ponencia impartida por Carlos Sánchez Almeida en el Curso “Libertad en Internet: garantías y amenazas”, UIMP – Valencia, 28-30 de septiembre de 2011

También en versión audio

1.- Hackers, grietas y burocracia

El título de esta conferencia, según el programa, tenía que ser “¿Por qué el legislador defiende la propiedad antes que la libertad?”. Era un título más ilustrativo que el elegido finalmente, que he tomado prestado de la novela de ciencia ficción de Richard Morgan, traducida en España por Jesús Gómez, publicada por Gigamesh, y disponible gratuitamente en las redes de intercambio y servidores de descarga de Internet que quiere cerrar la Ley Sinde.

Sí, el título original era más ilustrativo. Pero “Leyes de Mercado” resume a la perfección la situación actual de nuestro Parlamento en lo que se refiere a la autoría de su producción legislativa, muy particularmente en lo relativo a las leyes destinadas a proteger la propiedad. Y también refleja la Realidad contra la que intentan en vano lucha los legisladores y los que les dictan las leyes. La novela de ciencia-ficción Leyes de Mercado, que tengo en las manos en este momento en su versión papel, seguirá disponible en su forma binaria en internet mañana, pasado, y dentro de un año. Diga lo que diga la Ley Sinde, el reglamento de la Ley Sinde, y cuantas leyes de mercado quiera dictar el próximo Gobierno delegado de los Mercados. Porque esa y no otra es en Internet la verdadera Ley impuesta por sus verdaderos ciudadanos.

Cuando me invitaron a estas jornadas los organizadores me remitieron una lista de normas impuestas por la burocracia universitaria, una burocracia necesaria para organizar la vida académica, pero absolutamente incompatible con la agitada vida de plazos, juicios y recursos que hemos de sobrellevar los abogados. De hecho, me consta que hay compañeros de profesión que han tenido que renunciar a dar conferencias universitarias para no tener que sufrir la burocracia. Yo hago lo que la mayor parte de abogados hacen con las leyes: me comprometo a cumplir con lo establecido, y luego aprovecho las grietas de la letra pequeña.

Me pedían un abstract de la conferencia, y que remitiese el texto por anticipado. Algo imposible: ni yo mismo sé de qué voy a hablar cuando me pongo a escribir: el abstract solo lo puedo hacer como resumen, cuando ya he acabado de escribir, si el teléfono y el twitter me han dejado tranquilo. A veces envidio a aquellos que pueden trabajar de forma estructurada, con arreglo a un Orden inmutable. Yo convivo a diario con el Caos, y no sabría vivir de otra forma. Posiblemente por eso me gusta tanto Internet.

2.- Islas en la Red

El segundo título de ciencia ficción que citaré hoy: Islas en la Red fue una novela publicada por Bruce Sterling, pionero del ciberpunk y también autor de The Hacker Crackdown (“La caza de hackers. Ley y desorden en la frontera electrónica”). Dos obras publicadas en 1988 y 1992, respectivamente, que auguraban lo que iba a ser Internet. Como diría el mismo Bruce en el prólogo a Quemando Cromo, de William Gibson, los escritores de ciencia ficción son payasos sabios:

Somos Payasos Sabios que podemos saltar, dar cabriolas, hacer profecías y rascarnos en público. Podemos jugar con Grandes Ideas porque el extravagante colorido de nuestros orígenes de revista barata nos hacen parecer inofensivos.

El futuro profetizado por Bruce Sterling ya está aquí. Mercados conectados a la velocidad de la luz que chantajean a diario a sus Gobiernos delegados. Unos Gobiernos que han dejado de defender incluso a sus burguesías locales, ya que a su pueblo no lo defendieron nunca. Unos Gobiernos que debían encarnar el Orden, y que están genuflexos ante el Caos de los parqués bursátiles. Gobiernos de estados-nación, celosos guardianes de sus fronteras físicas, en un mundo donde el capital ya no tiene fronteras.

Bruce Sterling no fue el único profeta de la Hacker Revolution. Antes de que los vendedores de chatarra electrónica usurpasen el título, ser gurú era otra cosa. Y si hay que hablar de un gurú entre gurús, necesariamente tendré que citar a Hakim Bey, considerado por algunos como padre ideológico de los hackers, y auténtica autoridad en las leyes de las redes del Caos. Títulos estos un tanto pretenciosos: un verdadero hacker no reconocería autoridad patriarcal alguna ni a su propio padre.

Mucho antes de que la ley de los mercados contaminase las redes, mucho antes de que Internet llegase al gran público, en aquellos oscuros tiempos de BBS y módems ruidosos, Hakim Bey ya establecía las bases de la ciberutopía. Su ensayo de 1991, Zona Temporalmente Autónoma, anunciaba el #15M hace ya 20 años:

El TAZ es un campamento de guerrilleros ontológicos: golpean y corren. Mantén en movimiento a la tribu entera, aunque sólo se trate de datos en el Web. El TAZ tiene que ser capaz de defensa: pero tanto su ataque como su defensa deben, siempre que puedan, eludir la violencia del Estado, que es una violencia sin sentido. El ataque se hace contra estructuras de control, esencialmente contra las ideas; y la defensa es la invisibilidad un arte marcial y la invulnerabilidad -un arte oculto entre los marciales. La «máquina de guerra nomádica» conquista antes de ser notada, y se desplaza antes de que el mapa pueda ser reajustado. Por lo que concierne al futuro, sólo los autónomos podrán planificar la autonomía, organizarla, crearla. Es una operación que se autoinicia, fundacional. El primer paso tiene algo de satori: la realización del TAZ comienza con el simple acto de su realización.

A lo largo de estos últimos 20 años, la red ha mantenido el pulso frente al Estado. Cada vez que el poder político ha intentado establecer fronteras legales en el territorio de la frontera electrónica, la red ha mutado para eludir la agresión. En la mayor parte de las ocasiones los hackers han actuado como tribus nómadas, como una ciberguerrilla siempre en movimiento. Para eludir la vigilancia tuvieron que echarse al monte de la Red, hasta que las condiciones objetivas permitiesen que la revuelta cristalizase en el mundo físico.

Cada vez que enemigos de las libertades y defensores del Estado utilizan la palabra “pirata” en relación a la red me hacen reír, precisamente porque con ello le dan la razón a Hakim Bey, que citaba la utopía pirata de Libertalia como paradigma de la Zona Temporalmente Autónoma. Las verdaderas repúblicas de los piratas eran sus barcos: para los nuevos nómadas, la única utopía posible era la República Internet.

Así fueron las islas en la red, reductos de libertad frente al pensamiento único impuesto por Estados y Mercados. Así fue hasta la primavera de 2011.

3.- España: revolución, reacción y resistencia

La revolución de las telecomunicaciones en España corre pareja a los intentos del poder político de imponer su control sobre la sociedad de la información emergente, labor en la que encontrará un gran apoyo por parte de las empresas de medios de comunicación, que generan un discurso reaccionario frente a un modelo de distribución de información que no pueden controlar.

Pero con independencia de los intentos de control ejercidos desde la esfera política, policial y mediática, la red resiste el acoso del poder. Todo intento de control legislativo es respondido antes o después mediante una evolución técnica que provoca la inmediata obsolescencia de la norma jurídica.

El esquema se repite cíclicamente: la innovación tecnológica modifica de forma radical un status quo consolidado. Los beneficiarios del status quo que se derrumba reaccionan interesando del poder cambios legislativos para “adecuar sus derechos a la nueva situación tecnológica”. Y ante dicha normativa, surge una nueva evolución técnica: revolución, reacción y resistencia.

En breve seremos testigos de un nuevo capítulo del proceso descrito. En el momento que se apruebe el reglamento de desarrollo de la “Ley Sinde” y se constituya la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual en el Ministerio de Cultura, asistiremos a un cambio en la forma de distribuir enlaces en internet. A un problema jurídico se responderá con una respuesta técnica no prevista por el legislador, y la solución legislativa dirigida a retirar contenidos o bloquearlos se quedará perdida en una nube.

4.- La legislación TIC en España: 20 años contra la innovación

La problemática jurídica relacionada con las nuevas tecnologías era muy distinta hace veinte años, y se centraba fundamentalmente en la protección jurídica del software: la ya derogada Ley de Propiedad Intelectual de 1987, así como también derogada Ley 16/1993, de 23 de diciembre, de incorporación al Derecho Español de la Directiva 91/250/CEE, de 14 de mayo, sobre la protección jurídica de programas de ordenador, unidas al artículo 534 bis del Código Penal entonces vigente, establecían un marco que permitía perseguir los delitos contra la propiedad intelectual de programas de ordenador. Y ese fue el cauce por el que muchos abogados –entre los que me cuento- tomaron un primer contacto con la problemática jurídica de las nuevas tecnologías. Eran discos flexibles de 5 y ¼, muy lejanos de la nube actual, pero la persecución entre titulares de derechos de autor y presuntos piratas del software había comenzado.

Obsérvese que en el primer conflicto el legislador ya antepone la regulación del derecho de propiedad a cualquier otro derecho o libertad. Pese a que la Constitución Española establecía ya desde 1978 en su artículo 18.4 que “La Ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos”, tuvieron que pasar 14 años para que el legislador se preocupase por la intimidad informática de los ciudadanos, y ni siquiera eso: la verdadera razón de la ya derogada Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre, de Regulación del Tratamiento Automatizado de los Datos de Carácter Personal, LORTAD, fue evitar que periodistas y detectives pudiesen pedir información sobre casos judiciales.

Empecé a ejercer en 1987. Y recuerdo que durante mucho tiempo, incluso después de la entrada en vigor de la LORTAD, pedir información sobre cualquier persona en los Juzgados de Barcelona era lo más sencillo del mundo. No había que acreditarse en ningún sitio, ni demostrar un interés legítimo: bastaba con rellenar un pequeño formulario anónimo, poner el nombre de la persona sobre la que se buscaba información, y los atentos funcionarios de la sección de informática te devolvían el papelito lleno de datos sobre sumarios judiciales. Era evidente que tal sistema no podía sobrevivir entre los múltiples escándalos de corrupción que llenaron los periódicos por aquellas fechas.

Tras la LORTAD llegó el Código Penal, donde se incluyeron por primera vez delitos estrictamente informáticos, como la interceptación de correo electrónico, el acceso inconsentido por vía telemática a datos reservados o secretos de empresa, y los daños a programas y archivos binarios. Y con el Código Penal, en 1995, también llegó la red al gran público, lo que hizo necesaria la creación de brigadas policiales especializadas en controlar la red.

El Código Penal de 1995 tuvo en su día una inmerecida fama de progresista: nada más falso. Al tiempo que continuaba penando conductas como la insumisión al servicio militar, la ocupación de pisos vacíos o el aborto, dejó fuera de su cobertura jurídica la pornografía infantil. Un código que blindaba la propiedad en el mundo digital, penalizando la copia de programas de ordenador, los daños a la propiedad por vía informática, o la revelación de secretos digitales de empresas y particulares, dejó impune un delito contra la libertad de la magnitud de la pornografía infantil. A los autores del denominado “Código Penal de la Democracia” les preocupaba más la propiedad que la libertad.

Afortunadamente la omisión fue solventada en una reforma de 1999, pero ya para entonces las prioridades del legislador estaban claras: nueva Ley de Propiedad Intelectual en 1996, nueva Ley de Protección de Datos en 1999…Y rápidamente redadas contra hackers, “piratas” y demás proscritos, y expedientes administrativos a la Asociación contra la Tortura por publicar nombres de funcionarios condenados en Internet.

A partir del nuevo milenio los cambios se aceleran, y el ataque global a los derechos fundamentales tras los atentados del 11-S provocan un incremento de la represión legal en internet, siempre dirigido a blindar el derecho de propiedad en detrimento de derechos fundamentales como la intimidad o la libertad de expresión.

Un ejemplo: en noviembre de 2000 una moción aprobada por unanimidad en el Senado insta al Gobierno a regular el correo electrónico en las empresas, garantizando la inviolabilidad de las comunicaciones. Han pasado 11 años y tal legislación brilla por su ausencia. Por el contrario, se han desarrollado muchas iniciativas legales tendentes a proteger la propiedad de las empresas en el marco digital, muy especialmente las de las televisiones de pago.

En el año 2001 se inicia desde Kriptópolis una campaña contra el primer anteproyecto de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico, denunciando su posible utilización como instrumento de censura y control. No olvidemos que los primeros anteproyectos incluso establecían un sistema obligatorio de registro para poder abrir una página web.

PP y PSOE tuvieron una actuación absolutamente vergonzosa en lo que se refiere a la Ley de Internet, intercambiando sus papeles según quién estuviese en el poder: así, en 2001 el PSOE se opuso a la LSSI, prometiendo su derogación al llegar al poder. Lo que hizo al llegar al poder fue blindarla, para que cualquier Administración pública pudiese proceder al cierre de páginas que afectasen a su esfera de competencia.

Del mismo modo, ambos partidos pactaron reformar en el año 2006 la Ley de Propiedad Intelectual, reduciendo a la mínima expresión las excepciones al derecho de autor, que de tal forma fue ampliado en el ámbito digital. Se produjo la paradoja que mientras se reducía el ámbito de la copia privada a su mínima expresión en el ámbito doméstico, prohibiéndolo a personas jurídicas, se ampliaba el canon de copia privada hasta el extremo, debiéndolo pagar también personas jurídicas, lo que llevaría a España a un ridículo internacional en el Tribunal de la Unión Europea.

Las sucesivas reformas penales acometidas por PP y PSOE en 2003 y 2010 no han hecho sino fortalecer la defensa de la propiedad inmaterial en internet, en detrimento de los derechos ciudadanos a la cultura y a la libertad de expresión. Los delitos contra la propiedad intelectual pasaron a perseguirse de oficio, se incentivó a las brigadas de investigación tecnológica a actuar contra páginas de enlaces, se crearon ex novo nuevos tipos penales para proteger el negocio de la televisión de pago, y se criminalizó toda actividad relacionada con el hacktivismo.

La Ley Sinde, Disposición Final 43 de la Ley de Economía Sostenible, resume los despropósitos de todos estos años. Una normativa dirigida a ampliar las atribuciones de la administración pública en internet, para así poder intervenir en un problema de derecho privado, se lleva a cabo prescindiendo hasta el extremo del poder judicial, y acaba siendo pactada por los partidos mayoritarios PP-PSOE y su bisagra periférica CiU.

El reglamento de la Ley Sinde, en fase de redacción en estos momentos, presenta en sus primeros borradores serias deficiencias: su disposición más preocupante es la que establece que en 72 horas los prestadores de servicios de intermediación en de internet deberán dar cumplimiento a las exigencias administrativas de retirada de datos o enlaces. El procedimiento administrativo gira alrededor del proveedor de contenidos que presuntamente infrinjan derechos de autor: a los prestadores de servicios de intermediación se los deja al margen del procedimiento hasta el final, en una clara situación de indefensión. Ello no obstante, y mucho antes de la aplicación práctica de la Ley Sinde, ya se están desarrollando soluciones técnicas para compensar con código informático lo que no soluciona el código jurídico

En todos y cada uno de los casos mencionados, las leyes nacieron obsoletas: solo sirvieron para incrementar las minutas de abogados especializados, así como la inventiva de programadores, hackers y webmasters. Toda ley absurda genera una solución técnica para esquivarla.

5.- Internet y poder mediático: historia de un desencuentro

Para entender las cíclicas campañas de desprestigio que ha sufrido la red por parte de los medios de comunicación convencionales basta con echar un vistazo al reparto de la propiedad de los grupos mediáticos en España. Es altamente recomendable la lectura de un artículo de Núria Almiron, Grupos privados propietarios de medios de comunicación en España: principales datos estructurales y financieros, publicado en la web de la Universidad de Navarra.

Editoriales, cadenas de librerías, periódicos, radios y televisiones en poder de las mismas manos: lo extraño sería que hablasen bien de internet. En cuanto descubrieron que no podrían controlarla, y de esto hace mucho tiempo, comenzaron a cargar contra la red. A lo largo de la última década, y en particular desde la aprobación de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información, los medios de comunicación españoles han apoyado todos los intentos de control jurídico de internet, muy especialmente las modificaciones del Código Penal y de la Ley de Propiedad Intelectual: se trata en última instancia de defender su cortijo.

Internet ha dado al traste con todos los viejos modelos de distribución de obras culturales, en todos los sectores. Y salvo contadísimas excepciones, la industria mediática española no ha sabido reciclarse. Su única estrategia ha sido apoyar hasta el final los intentos del poder político de controlar la red.

Modificaciones legales para blindar el negocio de televisión de pago, prohibir el press-clipping, limitar el alcance de la copia privada, o autorizar la retirada de contenidos de la red por parte de la administración, han sido aplaudidas a rabiar por todos los grupos mediáticos españoles. No es extraño, en consecuencia, que las redes sociales donde eclosionó el movimiento #15M considere hostiles a los medios de comunicación tradicionales, situándolos al mismo nivel que a políticos y banqueros.

6.- Mayo del 11: desde la #leysinde al #15M

La aprobación de la Ley 23/2006, de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, vino precedida por multitud de críticas en internet, y en particular en las redes y agregadores de blogs. Sin embargo, la norma se aprobó con la práctica unanimidad del Congreso de los Diputados, evidenciando la escasa influencia que la red ejercía sobre la política real hace solo cinco años.

Todo había cambiado solo tres años después: la llegada al Ministerio de Cultura de Angeles González-Sinde, en abril de 2009, fue contestada masivamente desde las redes sociales. Su proyecto de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual y de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información, al objeto de permitir la retirada administrativa de contenidos sujetos a derechos de autor, encendió en diciembre de 2009 Twitter y Facebook. En pocos días el Manifiesto en Defensa de los Derechos Fundamentales en Internet tenía más de 250.000 seguidores en Facebook.

A lo largo de todo el año 2010, la campaña contra la #leysinde fue tomando forma y aumentando seguidores. Coincidiendo con la aprobación del proyecto el 19 de marzo en Consejo de Ministros, importantes páginas de enlaces españolas llevan a cabo un cierre de 8 horas en protesta. El cierre anticipaba una protesta masiva de webs de enlaces 9 meses después: el 19 de diciembre: a dos días de la votación del proyecto en el Congreso, las páginas de enlaces españolas se fundieron a negro durante 12 horas, con un mensaje contundente que apuntaba al sitio No al cierre de webs:

Si se aprueba la Ley Sinde, esta página desaparecerá. Internet será una tele más, al servicio del poder. Por la libertad de expresión en la Red. No a la censura. No a la Ley Sinde. No al cierre de webs.

En No al cierre de webs se colgó un manifiesto que sería leído por más de cuatro millones de personas en un par de días. En dicho manifiesto (ver anexo) se solicitaba a los ciudadanos que no se limitasen a protestar en internet: que saliesen a la calle: “Sal a la calle, explícaselo a tus vecinos, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo.” “y explícaselo a todas aquellas personas que conozcas, muy especialmente a aquellas que viven desconectadas de Internet.”

El cierre de páginas de cine y series de televisión, de gran audiencia en internet, provocó que el mensaje llegase a amplias capas de la población. La movilización en listas de correo y redes sociales haría el resto: en las horas previas a la votación en el congreso los diputados recibieron miles de correos de protesta.

El 21 de diciembre la votación parlamentaria es seguida con avidez a través de su emisión en streaming por Internet. Se produce la circunstancia que el mismo día que en el Parlamento español se debate la Ley Sinde, en el Parlament de Catalunya se está procediendo al debate de investidura del candidato a Presidente de la Generalitat, Artur Mas. CiU vota en contra de la Ley Sinde, que resulta rechazada por el Congreso de los diputados.

El 25 de enero, tras múltiples presiones de la industria editorial, se alcanza un pacto entre PP, PSOE y CiU para resucitar el proyecto de Ley Sinde en el Senado. A los pocos días empezó a gestarse el proyecto #nolesvotes, primero en Twitter y después desde el web Nolesvotes.com y el wiki.nolesvotes.org

#nolesvotes nació como un proyecto aglutinador: su aspiración no era otra que sumar descontentos, primero en la red y después en la calle, sirviendo de caja de resonancia al profundo malestar de la sociedad frente a la actuación de la clase política. Desde enero hasta mayo, fue uno de los hashtags de referencia en la internet española, y sirvió como altavoz a todas las iniciativas que se fueron sucediendo para evidenciar el malestar de la sociedad con respecto a la situación política y económica. Al revisar mi TL de esas fechas, es curioso ver los hashtags que se van sumando poco a poco a #nolesvotes: #sinfuturo, #sinmiedo, #estadodelmalestar, #indignaos, #reacciona, #democraciarealya y #15M. Un estudio en profundidad sobre la influencia de dichos hashtags en la explosión de Mayo del 11 puede consultarse en la web del Instituto Universario de Investigación en Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza.

7.- República Internet: una advertencia para el futuro

El análisis del #15M y su evolución posterior no es objeto de esta conferencia, limitada a los conflictos entre propiedad y libertad, y la escasa autonomía del legislador español con respecto a los verdaderos titulares del poder: el poder económico y mediático. Ello no obstante, sí me interesa dejar aquí una advertencia para el futuro: si es atinada o no, solo después de algunos años podrá evaluarse adecuadamente.

Desde mis primeros textos en internet, y hablando precisamente del derecho de reunión, vengo diciendo que pese a que la red permite crear organizaciones a coste muy reducido, esa fuerza de la red es también su principal debilidad, porque solo se toma en serio a un movimiento político cuando es capaz de llenar las avenidas. En marzo de 2009, al comenzar mi última serie de conferencias, disponible en http://www.culturalibre.org, dejé escrito lo siguiente:

Las nuevas tecnologías cambian la forma de ejercer los derechos. Pero en última instancia, los derechos de reunión y manifestación quedan en letra muerta si no se ejercitan: de nada nos sirven si no pensamos movernos del sillón.

Quizás el gran reto del siglo XXI no sea más que éste: entender que no podemos confiar en nadie más que en nosotros mismos. Entender que si de verdad es cierto que la soberanía reside en el pueblo, ha llegado la hora de que el pueblo ejerza sus propias responsabilidades de forma directa, sin delegaciones ni intermediarios.

Más allá de la crisis económica, vivimos una crisis de sistema. Nuestros intermediarios políticos han demostrado su inutilidad para gestionar los inmensos desequilibrios que genera un sistema social injusto. Pero de poco sirve quejarnos de ellos, mientras nos desentendemos de la toma de decisiones que sólo a nosotros nos corresponden.

Sólo cuando el Estado y el Mercado nos dejen sin protección social, empezaremos a entender que sólo somos partículas elementales, que nada pueden conseguir en solitario. Tenemos que reconstruir en el mundo real, y no sólo en Internet, las redes sociales destruidas por el individualismo salvaje. Y eso sólo puede hacerse llevando nuestra asamblea virtual permanente a las calles, a las fábricas, a los despachos.

Ha llegado el momento de que los habitantes de la sociedad conectada se pongan de pie, abandonando el sedentarismo del consumidor indolente. Las pantallas son armas de doble uso: pueden servir tanto para comunicarnos como para encadenarnos. De nosotros depende, en última instancia, escoger el camino.

Tenemos las herramientas, Internet y los ciberderechos: ha llegado la hora de utilizarlas en el mundo real.

Durante todo 2009, 2010 y buena parte de 2011 no he cesado de pedir que la red saliese a la calle. En mayo de 2009 fuimos poco más de 300 peatones a la Plaza del Rey de Madrid, para protestar ante el Ministerio de Cultura. En diciembre de 2009 ya fuimos unos cuantos más. Desde mayo de 2011 ya han salido a la calle unos cuantos cientos de miles, quizás millones. Pero ahora me pregunto si no es quizás el momento de reflexionar.

La red no es nada sin la calle, pero la movilización callejera por sí misma no sería nada sin internet. Al consultar este texto con mi amigo Ricardo Galli me hizo una inteligente observación sobre uno de los puntos débiles del ciberpunk, y en general del ciberactivismo de los años 90: el presentar la red como un espacio nuevo, de “otra gente”, otra “república” paralela o alternativa a la realidad.

Ricardo tiene razón: el dualismo internet-mundo real es un error, especialmente si lo llevamos a la acción política. La red somos las personas, las mismas que viven en la “democracia” o “república” de su barrio. El ciberpunk parecía proponer a la gente “emigrar” a otro estado diferente, casi como ofrecerles una colonia en la Luna. La práctica cotidiana de los últimos meses nos ha demostrado que toda acción política pasa simultáneamente por la calle y por la red, porque la red ya es la mitad de lo real, y para algunos la mejor mitad.

En consecuencia, y después de años diciendo que la red tenía que salir a la calle, no voy a decir aquí que haya que hacer el camino inverso, de la calle a la red: no, eso ya es imposible. Lo que me planteo es lo siguiente: si en buena parte hemos llegado aquí gracias al trabajo solidario de miles de personas organizadas en red, si es esa misma red solidaria la que mantiene activo el movimiento #15M… ¿no será la red lo primero que intente desactivar el poder? ¿No será necesario que nos mantengamos alerta para evitar que nuestro principal bastión sea también nuestro punto más vulnerable?

Ellos defienden su propiedad: lo han hecho durante milenios, y lo seguirán haciendo. Seguirán comprando a políticos para que blinden sus privilegios, y seguirán teniendo todos los recursos durante mucho tiempo, muy especialmente en el terreno mediático.

No lo olvidemos, especialmente cuando llegue el frío a las calles. Cuando el Estado y el Mercado se alíen de nuevo para imponer leyes y constituciones redactadas al dictado del poder financiero, “Leyes de Mercado”, leyes a medida de los detentadores de la propiedad, no podremos contar con los medios de comunicación que pertenecen a esos mismos propietarios.

Internet es nuestro último baluarte, y vendrán por ella. Estemos alerta para cuando llegue ese momento, porque para defender la libertad en la red solo contaremos con nosotros mismos.

Valencia, 30 de septiembre de 2011.

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Antorchas en la biblioteca

En este ocaso somos aún antorchas, luz que sobresale en el horizonte. Y, mientras esta muralla resista, seremos custodios de la Palabra divina.

- Así sea –dijo Guillermo con tono devoto–. Pero, ¿qué tiene que ver eso con la prohibición de visitar la biblioteca?

- Mirad, fray Guillermo –dijo el Abad–, para poder realizar la inmensa y santa obra que atesoran aquellos muros –y señaló hacia la mole del Edificio, que en parte se divisaba por la ventana de la celda, más alta incluso que la iglesia abacial– hombres devotos han trabajado durante siglos, observando unas reglas de hierro. La biblioteca se construyó según un plano que ha permanecido oculto durante siglos, y que ninguno de los monjes está llamado a conocer. Sólo posee ese secreto el bibliotecario, que lo ha recibido del bibliotecario anterior, y que, a su vez, lo transmitirá a su ayudante, con suficiente antelación como para que la muerte no lo sorprenda y la comunidad no se vea privada de ese saber. Y los labios de ambos están sellados por el juramento de no divulgarlo. Sólo el bibliotecario, además de saber, está autorizado a moverse por el laberinto de los libros, sólo él sabe dónde encontrarlos y dónde guardarlos, sólo él es responsable de su conservación. Los otros monjes trabajan en el scriptorium y pueden conocer la lista de los volúmenes que contiene la biblioteca. Pero una lista de títulos no suele decir demasiado: sólo el bibliotecario sabe, por la colocación del volumen, por su grado de inaccesibilidad, qué tipo de secretos, de verdades o de mentiras encierra cada libro. Sólo él decide cómo, cuándo, y si conviene, suministrarlo al monje que lo solicita, a veces no sin antes haber consultado conmigo. Porque no todas las verdades son para todos los oídos, ni todas las mentiras pueden ser reconocidas como tales por cualquier alma piadosa, y, por último, los monjes están en el scriptorium para realizar una tarea determinada, que requiere la lectura de ciertos libros y no de otros, y no para satisfacer la necia curiosidad que puedan sentir, ya sea por flaqueza de sus mentes, por soberbia o por sugestión diabólica.

– Umberto Eco, “El nombre de la rosa”

 

Orden y caos

No inicio esta conferencia con una cita de Umberto Eco por casualidad. El propio título, “Antorchas en la Biblioteca”, hace referencia a una frase de la obra maestra del semiólogo italiano, nacido –las cosas del destino- en un pueblo italiano llamado Alessandria: “En este ocaso somos aún antorchas, luz que sobresale en el horizonte”.

Nacer en un sitio llamado Alessandria, y ser un apasionado de las bibliotecas acaba por condicionar el carácter de un hombre, hasta el punto que su obra cumbre gire en torno a una biblioteca amenazada por las llamas. Unas llamas que pueden iniciar precisamente aquellos que se consideran antorchas del saber, y que cargan contra Internet cada vez que reciben un doctorado honoris causa…

El tema de la biblioteca en peligro también es recurrente en mis conferencias, pese a que lo más cerca que he estado de Alejandría ha sido gracias a los libros de Terenci Moix, muy especialmente el que parte de un verso de Kavafis: “No digas que fue un sueño”. Otro título que también sería muy apropiado para los tiempos confusos que vive Internet, esta gran Biblioteca, hoy en peligro por obra y gracia de los mercaderes de la propiedad intelectual.

Lo cierto es que la idea de una biblioteca universal me ha perseguido siempre, desde muy pequeño: uno de mis recuerdos más lejanos me sitúa perdido en un sofá de escay rojo -muy años sesenta- intentando sostener un pesado tomo de la enciclopedia Larousse. Mudo de asombro al comprender que la única forma de entender las historias era siguiendo las referencias cruzadas entre los distintos tomos.

Es un recuerdo simultáneo al de mi atracción por el caos, que me llevó a recortar las letras de los separadores que permitían clasificar las carpetas de mi tío abuelo. Con la consiguiente zurra de la autoridad competente, fiel defensora del orden alfabético.

Umberto Eco siempre ha creído en la necesidad de una Biblioteca como símbolo del orden, ineludible a su juicio para conservar el conocimiento. A diferencia del catedrático de Bolonia, creo que la única construcción humana capaz de cumplir con tal objetivo es una Biblioteca descentralizada, en la que aparentemente reine el caos.

 

Hiperenlaces: la “naturaleza” profunda de la Red

El caos es un orden por interpretar, cuya comprensión está vedada a quien necesite pensar de una forma jerárquica, rígidamente estructurada. Los devotos del orden alfabético nunca entenderán la Red, y precisamente por ello pueden causar mucho daño.

En la Biblioteca de Babel todo son referencias cruzadas. Un índice completo es imposible, al igual que su antónimo: el índice de libros prohibidos. Pero no por ello nuestros políticos dejarán de buscarlo, hasta el punto de intentar dañar la Biblioteca.

Sinapsis es un término griego, cuyo significado es enlace. Y la sinapsis neuronal, la forma en que se comunican las neuronas entre sí, es posiblemente el mejor ejemplo biológico para explicar Internet. La “naturaleza” de la Red está basada en la sinapsis de sus neuronas, en sus hiperenlaces.

Nada es casual: si entrecomillo “naturaleza” es porque Internet es una construcción humana, y como tal construcción, carece de otra naturaleza que no sea la que le han dado los arquitectos de sistemas. Coincido con Lessig en este punto: es preferible hablar de la arquitectura profunda de la Red. Pero como me dirijo a políticos, tengo que utilizar un lenguaje sencillo, que ellos puedan entender, desde su simplicidad necesitada de parábolas.

Caótica como la química orgánica, y como la química orgánica, basada en los enlaces: Internet fermenta a diario, y no deja de crecer. No es extraño, pues, que hablemos de su “naturaleza”, dado que se comporta como un ser vivo. Pero sólo lo es en apariencia: lo que está vivo en ella son las personas que la habitan. Sin embargo, hay algo en su arquitectura que la hace saltar como si estuviese dotada de sistema nervioso: la resistencia a la censura.

Lo dijo John Gilmore: Internet interpreta la censura como un daño, y todo su sistema de defensa se sensibiliza para aislar al invasor. Ha pasado cientos de veces, y seguirá pasando. No quieres caldo, pues toma dos tazas: ahí está La Lista de Sinde para demostrarlo.

Perseguir de cualquier forma los enlaces de hipertexto, en tanto que simples enlaces, es perseguir Internet. Y es la forma más sencilla de conseguir la unidad de todas las fuerzas de resistencia en contra de la censura: algo que en cualquier otra circunstancia sería imposible, habida cuenta de las diferencias culturales e ideológicas de las diferentes tribus que conforman la Red.

 

La Ley Sinde, una enfermedad neuronal

La pretensión del Gobierno Zapatero es modificar el tratamiento jurídico de los hipervínculos de Internet, de forma que puedan cerrarse las páginas que recopilan enlaces a contenidos protegidos por derechos de autor. En lugar de focalizar el problema en la vigente Ley de Propiedad Intelectual –que no define el enlace como comunicación pública de las obras- el Gobierno pretende otorgar competencias a un órgano administrativo, la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual del Ministerio de Cultura, para que por ésta se determine qué páginas deben ser cerradas.

El sistema mental de nuestros políticos es un triste reflejo de las estructuras jerárquicas donde medran. Unas estructuras jerárquicas, caldo de cultivo de toda corrupción, que les impiden comprender la complejidad de la sociedad-red emergente. En su simpleza, piensan que pueden identificar el índice de libros prohibidos que les permita censurar la Biblioteca. Como quien le quita a un niño el tomo de la letra P de la enciclopedia, para que no pueda buscar la Palabra Prohibida.

No entienden nada. De la misma forma que se aísla al invasor, la propia Red es capaz de restaurar sus sinapsis dañadas, circunvalando cualquier tipo de censura. A la larga, el derroche de fondos públicos no servirá para mucho. Pero eso no quiere decir que la Ley Sinde no sea dañina: cualquier mutilación de la Red puede ser un infinito drama humano, como lo es cualquier abuso del poder sobre la ciudadanía.

Como ya pusieran de manifiesto David Bravo y Javier de la Cueva, la razón última de la reforma es la falta de confianza del Ejecutivo y de los abogados de las multinacionales del entretenimiento en la judicatura española, que no interpreta las leyes como a aquéllos les gustaría. Nada es más manejable que un Gobierno en decadencia, infinitamente más flexible que jueces y fiscales a la hora de adaptarse a las necesidades del verdadero poder.

No me extenderé aquí sobre las razones que hacen de la Ley Sinde una mala ley. Es mucho más esclarecedor leer lo que han dicho de ella los magistrados encargados de aplicarla, los catedráticos que tendrían que estudiarla, o los abogados que habrían de utilizarla. Órganos consultivos y colectivos sociales se han pronunciado extensamente, y exceptuando a una fantasmal Coalición –en la que cada día se hace más difícil la convivencia de intereses entre verdaderos autores y simples intermediarios- ningún jurista de prestigio ha defendido el anteproyecto de ley.

Y ya que menciono la Coalición… Ignoro si el experto en relaciones públicas que la bautizó conoce la Historia: siempre es preferible atribuir a la ignorancia lo que de otra forma sería traición a quien le contrató. No se explica de otra forma tamaña necedad: si te autodenominas Coalición, estás reconociendo que lo que tienes delante es una Revolución que antes o después se convertirá, inexorablemente, en nueva República.

 

Autores y editores, perdidos en la Biblioteca

Lo divertido de toda esta historia es el origen: el concepto de copia previsto en la Ley de Propiedad Intelectual. Algo que desde el principio es un timo en toda regla.

El primer engañado es el propio autor, al que se le hizo creer que el número de copias se podía controlar, y que su editor siempre le diría la verdad. Peor es el yerro del editor, al que sus asesores le dijeron que se podría perseguir toda copia no autorizada.

Pero no hay peor engaño que el de aquel que se engaña a sí mismo, y llega a construir organizaciones con el sólo objetivo de perseguir la copia: organizaciones despojadas completamente de su objetivo fundacional, la protección del autor, y que sólo aspiran a su propia supervivencia, basada en la represión.

Los impulsores de la Disposición Final Primera de la Ley de Economía Sostenible son charlatanes, vendedores de elixires milagrosos, que han engañado a autores, editores, y aún a sí mismos, para mantener hasta el final una inmensa ficción jurídica: la posibilidad de perseguir o impedir la copia de las obras en cualquier tipo de circunstancia.

Hasta el último jurista español conoce el principio establecido en el artículo 3, apartado 1 del Código Civil:

“Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquéllas.”

Cuando la realidad social ha permitido que todos los ciudadanos puedan copiar y compartir libremente sus bibliotecas, la norma deviene inútil. En el ámbito de la Propiedad Intelectual, una normativa basada en la persecución de la copia, o del enlace a la copia, no sirve absolutamente para nada.

Un verdadero asesor le hubiese dicho eso desde el principio a sus clientes, en lugar de embarcarlos en una guerra perdida de antemano. Un verdadero asesor hubiese buscado vías alternativas para conseguir que autores y editores pudiesen seguir viviendo de su trabajo. Pero hace tiempo que dejaron de ser asesores, para convertirse en asesinos de ideas: un ejército mercenario que ha acabado por imponerse a aquellos que lo contrataron, en un verdadero golpe de estado editorial.

 

Otra propiedad intelectual es posible

El objetivo de la Ley Sinde no es otro que cerrar, a cualquier precio, las llamadas “páginas de enlaces”. Webs cuyo contenido fundamental son enlaces a archivos compartidos por los usuarios, que en buena parte son copias de obras protegidas por derechos de autor.

Se parte de un presupuesto erróneo: un número finito de páginas, cuantificado en aproximadamente 200 páginas por los impulsores de la censura. Y se olvida de la médula del problema: el hecho evidente de que las copias seguirán existiendo, multiplicándose hasta el infinito, al igual que los enlaces.

El principal error reside en la errónea percepción del problema: la copia. Si cambiamos la perspectiva, se puede abordar la complejidad de otra forma más favorable para llegar a una solución de consenso.

Y es que el verdadero problema no es la copia. El verdadero problema es considerar la copia como la protagonista del derecho de autor, cuando el único protagonista, el protagonista absoluto, no puede ser otro que el propio autor.

La industria musical, cinematográfica, editorial y del videojuego gira en torno a un concepto erróneo: el de producto. Hay otra forma de enfocar el problema: entender que se trata de una industria de servicio. Servicio al autor y a su público.

Como he explicado anteriormente en varios artículos, el futuro de la industria pasa por poner en contacto al autor con su público, en el menor tiempo posible. En un mundo globalizado y digitalizado, la velocidad es primordial, y en consecuencia, toda la cadena económica debe basarse en la inmediatez. El editor que consigue ofrecer al público un modelo de acceso inmediato a las obras, aleja al público de cualquier canal alternativo. Si algo no puede permitirse la sociedad actual, es perder el tiempo.

 

Una profecía cumplida

Empecé esta conferencia hablando de Umberto Eco, y he de acabar hablando nuevamente de él. Porque frente a los bibliotecarios dogmáticos, esclavos del orden, todos y cada uno de nosotros somos un pequeño y caótico Adso de Melk: todos y cada uno de nosotros podemos evitar el incendio de la mayor Biblioteca creada por el espíritu humano.

Umberto Eco no lo sabía entonces, pero él profetizó la Biblioteca que hoy es Internet. En el año 1981 pronunció una conferencia en la Biblioteca Comunale de Milán, bajo el título “De Biblioteca”. Al final de la conferencia, Eco –sobre todo, eco de Borges- define lo que para él sería la Biblioteca ideal. Evidentemente, no podía imaginar los chats, los twitters ni los facebooks. Pero como en la vieja caverna, todo estaba ya contenido en la Idea: de la Rosa original sólo nos queda el nombre. La Biblioteca:

Si la biblioteca es, como lo quiere Borges, un modelo del universo, procuremos transformarla en un universo a medida del hombre, e insisto, a medida del hombre significa también alegre, aún con la posibilidad de tomarse un capuchino, y con la posibilidad de que dos estudiantes se sienten una tarde sobre el sofá, no digo para darse indecentes abrazos, sino para llevar a cabo parte de su coqueteo en la biblioteca, mientras toman o devuelven a los estantes algunos libros de interés científico; es decir, una biblioteca que despierte el deseo de visitarla y se transforme gradualmente en una gran máquina para el tiempo libre, como lo es el Museum of Modern Arts donde se puede ir al cine, pasear por el jardín, mirar las esculturas y consumir una comida completa. Sé que la Unesco está de acuerdo conmigo: “La biblioteca… debe ser de fácil acceso y sus puertas deben estar abiertas de par en par a todos los miembros de la comunidad, quienes podrán usar libremente de ella sin distingos de raza, color, nacionalidad, edad, sexo, religión, lengua, estado civil y nivel cultural”. Es una idea revolucionaria. Y la alusión al nivel cultural requiere también una acción de educación, de consejería y de preparación. Y finalmente el otro punto: “El edificio donde funciona la biblioteca pública debe ser central, fácilmente accesible aún a los inválidos y abierto en horarios cómodos para todos. El edificio y su amueblamiento deben ser de aspecto agradable, cómodos y acogedores; y es esencial que los lectores puedan acercarse directamente a los estantes”.

¿Lograremos transformar la utopía en realidad?

La utopía ya es realidad, y se llama Internet. Una inmensa Biblioteca abierta a todos, una gran máquina para el tiempo libre, un lugar donde convivir y aprender, accesible a los discapacitados. Un lugar que atesora todo el conocimiento humano.

Y un lugar que hoy está en peligro, amenazado por el peor de los dogmatismos jerárquicos: el que surge de la obediencia y la estupidez.

Todos y cada uno de nosotros podemos evitar este incendio.

 

Madrid, 3 de marzo de 2010.

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Estado de desecho

Política criminal y derecho de autor


John Gilmore imaginaba una Internet en el que los ciudadanos se protegían no mediante leyes, sino con física y matemáticas. Me encanta esa intuición, pero creo que está lastrada todavía con la idea de “protección”. Vive todavía en el viejo modelo de la utopía de la Red sin conexión con el mundo real. La matemática y la física nos dan protección, pero también nos dan instrumentos de construcción. La nueva Atlántida ya no es una Red autorreferencial sin leyes pero sin contacto con el mundo exterior: es un mundo real en el que nuestras acciones políticas, sociales y culturales están potenciadas por una serie de herramientas y servicios en la red. Unas herramientas y servicios que, en buena parte, hace que no nos tengamos que preocupar por las leyes que los políticos quieran aprobar, pues habremos construido un mundo a nuestra medida.

– David Casacuberta, “The next generation“, publicado en Kriptópolis, 2-12-2002

 

1.- De lege ferenda, de lege delenda

Debo mi presencia en Tenerife a la amabilidad del Dr. Luis Fajardo, organizador de estas jornadas de reflexión sobre los retos sociales de las nuevas tecnologías. Cuando cursó su invitación, el profesor Fajardo me transmitió su propósito de que estas jornadas pudiesen resultar útiles para hacer llegar al legislador proposiciones de lege ferenda, propuestas de cambios legislativos…

Luis todavía ríe recordando mi respuesta: “¿Aprobar más leyes? Ni hablar: en todo caso derogarlas”. No en vano compartimos trinchera en 2001, en aquellos tiempos ingenuos en que nos oponíamos al proyecto de Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, ignorantes de toda la basura legislativa que se nos vendría encima después.

Sinceramente, creo que a estas alturas no sirve de nada hacer propuestas al legislador, salvo que dichas propuestas incluyan un plan de financiación para el correspondiente partido político. ¿Aprobar más leyes, cuando no se aplican las que ya existen? ¿Aprobar más leyes, mientras se mantiene en una situación de indigencia tercermundista a nuestra Administración de Justicia?

En fechas recientes el actual Gobierno remitió al Congreso de los Diputados un refrito del proyecto de reforma del Código Penal que ya fue remitido en la anterior legislatura. Un derecho penal de autor –o de autora, ya que en todas sus costuras se evidencia el estilo que imprime a sus patrones legislativos la Vicepresidenta Primera- en el que brilla con luz propia una ocurrencia piadosa, inspirada en el más rancio buenismo: la sustitución de la pena de prisión por multa, en los casos de Top Manta.

Los mismos políticos que en el año 2004 permitieron que entrase en vigor la dura reforma penal aprobada mediante Ley Orgánica 15/2003, los mismos que con su pasividad han permitido que cientos de inmigrantes se hacinen en nuestras cárceles por delitos de bagatela, han acabado impulsando una reforma del Código Penal para volver a la situación establecida en el Código Penal aprobado en 1995. Un año en el que precisamente nuestra ubicua Vicepresidenta era Secretaria de Estado de Justicia, y en consecuencia redactora del Código original: todo un homenaje al mito del eterno retorno, desde una longeva trayectoria política.

Y digo yo… puestos a desandar el camino, ¿por qué no desandarlo del todo? ¿Por qué no abolir íntegramente la reforma penal de 2003? El Código Penal de 1995, además de permitir que los manteros no fuesen a prisión, establecía que los delitos contra la propiedad intelectual no podían perseguirse de oficio, sino únicamente a instancia de parte. ¿Por qué no volver a tal solución?

Eso sería lo conveniente desde el punto de vista político. La solución más práctica, la ocurrencia más coherente con la actual miseria intelectual de nuestra clase política. Pero quizás habría otra solución, mucho más valiente desde el punto de vista ético, tan valiente que se antoja revolucionaria: despenalizar todos los delitos contra la propiedad intelectual, salvo el plagio.

Y ésa es mi propuesta.

 

2.- La hipertrofia del derecho de autor

Por si no fuera suficiente con el endurecimiento de penas experimentado por nuestro Código Penal, la pasada legislatura vivió dos reformas de la Ley de Propiedad Intelectual, en virtud de las leyes 19/2006, de 5 de junio, y 23/2006, de 7 de julio, mediante las que indisimuladamente se pretendían establecer mecanismos procesales y sustantivos para perseguir la mal llamada piratería de obras intelectuales a través de Internet.

Pese a lo que parecen creer nuestros políticos, la realidad es testaruda, y acostumbra a dejar en ridículo a aquellos que pretenden cambiarla mediante una simple modificación legislativa. Desde el año 2003, cuando se anunciaron en España las primeras denuncias contra aquellos que compartían archivos mediante redes P2P, la realidad no ha hecho sino consolidarse, en un divorcio absoluto entre situación de hecho y espejismo de derecho.

Miente quien afirma que el actual Gobierno no ha hecho nada contra el paro. Nada más falso: en el sector de servicios jurídicos ha generado muchísimo trabajo para los abogados. La nueva legislación ha permitido abordar extensos nichos de mercado, a la par que ha diversificado la oferta. Los despachos de abogados especializados en la represión de la “piratería” virtual han podido facturar horas y horas de larguísimos interrogatorios, dietas de desplazamientos y comidas, ingeniosos dictámenes, informes de detectives, peritajes inverosímiles… Y no sólo en el sector de la acusación: los estrados de la defensa también lucen como nunca, y hasta los más tristes advenedizos hemos pasado del humilde juicio de faltas o del sufrido desahucio a los dorados anaqueles de la jurisprudencia mercantil.

El sector público también se ha beneficiado de la fecunda laboriosidad legislativa. Se han generado sinergias con diversos estamentos oficiales, creándose nuevas plazas de funcionarios policiales y aduaneros. Esforzados funcionarios dedicados a tiempo completo a actividades tan curiosas como verificar, uno por uno, quién, cómo, y desde qué IP ha subido determinado archivo a Megaupload, o quién, cómo y cuándo ha importado consumibles informáticos desde el sureste asiático.

Nuestra Administración de Justicia es utilizada de forma abusiva, y hasta con mala fe, por los representantes legales de la industria del entretenimiento. Saturando los juzgados con reiteradas demandas frente a los webmasters de páginas de enlaces, no se busca otro objetivo que vencer por agotamiento psicológico de los demandados, obligados a tirar la toalla al no poder sufragar económicamente su defensa frente a demandantes que disparan con pólvora del rey.

Sometidos durante años a los rigores del proceso penal, los procesados no entienden el sutil sentido del humor de nuestras cámaras legislativas, ni los extraños matices de la independencia judicial, con diez interpretaciones distintas para la misma ley, según caiga el pleito en Madrid, en León, en Cartagena o en Vitoria.

Como tampoco entienden que puedan ser detenidos, o juzgados, por funcionarios premiados con medallas antipiratería por las empresas que ejercen la acusación. Hasta yo me pregunto una cosa: en las largas noches de Soto del Real, ¿de qué hablarían los manteros con el alcalde de Santa Coloma de Gramanet, en su día condecorado por la SGAE?

 

3.- Que “La Coalición” contrate mercenarios

Las modificaciones sufridas por la Ley de Propiedad Intelectual han otorgado a los titulares de derechos de autor mecanismos procesales muy poderosos, impensables para otros sectores económicos. Acciones de cesación y medidas cautelares urgentes, que permiten solicitar de los juzgados mercantiles una larga lista de medidas de suspensión, que incluyen el cierre cautelar de páginas web.

Las Cortes están debatiendo proyectos de Ley que modifican las Leyes de Competencia Desleal y Publicidad. Y la Asociación de Internautas ha denunciado recientemente que la futura Ley General de Comunicación Audiovisual se puede utilizar para implantar la censura audiovisual en Internet.

En suma, disponemos de una pléyade de leyes que permiten garantizar la máxima protección a la propiedad intelectual desde la órbita del derecho civil. En ese estado de cosas, teniendo en cuenta lo saturada que se encuentra nuestra jurisdicción penal, ¿es lógico, desde el punto de vista de la política criminal, mantener como delitos perseguibles de oficio las infracciones al derecho de autor?

Quiero recordar aquí una declaración muy inteligente de nuestra Ministra de Defensa, instando a los patrones de nuestra flota pesquera a contratar seguridad privada, desde la consideración que la pesca comercial es un negocio privado, cuya protección con cargo a nuestro presupuesto militar supone un gasto inasumible para el erario público.

Si el Estado español no puede asumir los gastos de protección que genera la piratería en el mundo real, mucho menos debe asumir los gastos que genera la persecución de la mal llamada piratería virtual. Así pues, y del mismo modo que se le dijo a los atuneros: que “La Coalición” contrate mercenarios.

Las unidades policiales especializadas en delincuencia informática dedican cada año miles de horas a la investigación de delitos contra la propiedad intelectual. Miles de horas que indudablemente sería mejor invertir en delitos informáticos mucho más dañinos, como la pornografía infantil, la estafa informática o el espionaje industrial. Sólo despenalizando el derecho de autor puede conseguirse tal objetivo.

No sería la primera vez que se despenaliza una conducta porque el Estado no puede asumir su persecución. Hace 20 años, el actual Defensor del Pueblo y entonces Ministro de Justicia, Enrique Múgica Herzog, impulsó una reforma penal con el declarado objetivo de dar carpetazo a infinidad de pequeños juicios que saturaban los antiguos Juzgados de Distrito. El ya derogado Código Penal de 1973 incluía un artículo 600 que tipificaba la falta de daños por imprudencia, una norma que era utilizada sistemáticamente por las compañías de seguro para ahorrarse gastos de tramitación de siniestros. Judicializando los accidentes de tráfico con resultado de daños materiales, se cargaba sobre las espaldas de la Administración de Justicia un problema estrictamente privado.

Tiempos heroicos: se llegaban a señalar cuarenta juicios al día, una situación insostenible. La única solución fue despenalizar, mediante la Ley Orgánica 3/1989, de 21 de junio, los casos de daños materiales por imprudencia leve, obligando a que las compañías de seguro instaurasen el sistema de tramitación amistosa.

Hoy como ayer. Un grupo de compañías multinacionales han conseguido que funcionarios policiales y judiciales asuman de oficio la persecución de las infracciones contra el derecho de autor. Y todo para ahorrarse los gastos que tendrían que invertir en abogados, detectives y peritos, de tratarse de simples infracciones civiles… ¿para qué gastárselos, si la policía y los jueces les hacen el trabajo gratis?

 

4.- Despenalicemos el derecho de autor

Durante muchos siglos, el temor de Dios fue el instrumento más útil para la defensa del poder establecido. La muerte de Dios, su desaparición de la esfera pública en el hemisferio occidental, hizo necesaria la creación de un nuevo mito: el Estado de Derecho. Un Estado de Derecho que no es sino la justificación a posteriori de un estado de hecho: la defensa a ultranza del status quo. Siempre hay que ofrecer algún mito a las masas para que sean obedientes y respeten al poder.

Como el cura ateo de “San Manuel Bueno, Mártir”, los profesionales del derecho tenemos que transmitir una esperanza, aunque no creamos en ella. Día a día, cientos de jueces, fiscales y abogados hemos de levantarnos y mantener el tipo, porque sabemos que en el fondo, la ausencia de Estado es todavía peor que este falso mito al que seguimos denominando Estado de Derecho.

La desvergüenza de la clase política es absoluta, pero no nos engañemos, sería como enfadarnos con los títeres de un teatro de guiñol. El poder económico y el poder mediático los quieren así, manejables. Y quieren también una Administración de Justicia inerme y caótica, en un permanente estado de emergencia. Una justicia útil pero no demasiado, lo justo para tener controlada a esa masa acomodaticia que es necesario mantener en casa, consumiendo y sin protestar demasiado.

Antes de acabar, pondré un ejemplo reciente del desprecio y la arrogancia con la que nuestros políticos y la casta “cultural” tratan a nuestra judicatura. En el reciente FICOD, el pomposo Foro Internacional de Contenidos Digitales, se invitó a los políticos, a los empresarios de la industria del entretenimiento y a los profesionales afectos a la causa. No se invitó a las asociaciones de consumidores e internautas, no se invitó a los que, como Creative Commons, el Partido Pirata, Exgae o la Fundación Copyleft, proponen modelos alternativos de propiedad intelectual. Pero lo más grave es que no se invitó ni a un solo juez, en un desprecio absoluto por el tercer poder del Estado.

Una gente así no se merece que los jueces trabajen para ellos. La cárcel, ni para manteros, ni para “piratas”: exceptuando a los plagiarios que se atribuyan indebidamente la autoría de una obra, nadie más debe entrar en prisión en virtud del falso tótem de la propiedad intelectual.

Porque más allá de la conveniencia política, e incluso más allá de los imperativos de justicia, se trata de una exigencia histórica. Por la libertad, y también por la creación, despenalicemos el derecho de autor.

 

La Laguna, 27 de noviembre de 2009.

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